sábado, 13 de diciembre de 2008

EL INTRUSO

Mientras Julián ordeñaba la vaca todos los días al amanecer, para luego darse a la tarea de desgranar las mazorcas y abastecer los graneros, Felipa la compañera de su vida sostenía al recental, el inquieto y mugidor, pugnaba por soltarse de las manos de la bella campesina y pegarse a la ubre.

La fragancia que emergía del corazón de la montaña, daba cierta placidez al rostro de Felipa, la brisa matinal ponía rosicler en sus mejillas y grana en sus labios; su busto se arqueaba en caprichosas curvas, cual tallados por las manos de un artífice de estatuaria. Luego de ver rebosada la totuma por el blanco y fresco líquido, dejando libre la voracidad del pequeño cuadrúpedo, se iban camino de la casa cristalizando en los ojos la tranquilidad de la vida y agitando sus labios los cascabeles de la risa.

El desayuno era modesto y breve. Sobre la mesa rústica se extendía el mantel donde humeaban los vasos de barro, plenos de chocolate; la yuca se abría blanca y provocativa en los platos y la cuajada blanca y redonda, excitaba el apetito en la humildad de aquella morada. Los pájaros poblaban de armonías la exuberancia de la fronda, los rosales silvestres impregnaban el ambiente de suaves perfumes y el sol quebrando sus rayos sobre las viejas tapias, caía sobre la huerta, iluminando el interior de la mansión que presentaba un aspecto encantador en aquella soledad.

Hombre de trabajo, Julián, Jamás se vió extenuado por la cotidiana labor. Tenía dos afectos; su mujer y su conuco. El conuco prosperaba bajo su experta mano y la mujer embellecía que daba gusto en medio de la paz de aquella atmósfera. En sus tiempos de guazábana, Julián era un perdido. A menudo gustaba de empinar el codo y muchos desaguisados debió al aguardiente. En unión de varios camaradas se iba en son de pendencias por las afueras del pueblecito. Era del lugar el mejor coleador, manejaba con gracia las maracas y el cuatro y como bailador, nadie le iba en zaga. Las mujeres suspiraban por él y los mozos del barrio lo miraban con disimulada ojeriza, porque no había quien le saliera al frente cuando formaba bronca en el joropo.

Vestido de blanco con el grueso araguaney en la diestra y el jipijapa tirado con indolencia hacía atrás, la mirada agresivamente extraviada, los labios temblorosos y abiertos a la imprecación, tal se presentaba a las puertas de la parranda. A su llegada imprevista y brutal, un rumor como de tempestad flotaba sobre la concurrencia. La música se interrumpía y las mujeres se ponían intranquilas y lo miraban con mezcla de simpatía y de miedo; las parejas cesaban de bailar y los espectadores prudentes se escurrían... Entonces él en la mitad de la sala, como árbitro dominador de la fiesta, paseaba indolentemente la mirada sobre la gente y arrebatando con gento brusco la pareja a alguno de los bailadores, exclamaba en tono imperativo “siga la música”

Todos se apartaban. Julián dueño y señor del patio, al son del arpa, el cuatro y las maracas cimbraba con arte y maestría su cuerpo, alto y robusto, entrelazaba sus manos en las manos de la sorprendida pareja, rompía a zapatear frenética, acompasada, sonora hasta terminar en un vertiginoso torbellino. Una ola de aplausos resonaba sobre el auditorio. Unos aplaudían por cariño, otros por entusiasmo, los mas por miedo. Enardecido por el alcohol, el triunfo y la fatiga reanudaba el baile con más vehemencia y cuando alguien se permitía algún piropo con su fatigada compañera, entonces ardía Troya; crujía el garrote, se apagaba la luz, huía la concurrencia, se acababa el baile.

Julián, como todo montañés, tenía un espíritu ardoroso, proclive al amor y muchas veces a la sensibilidad.
Sus padres murieron a causa de desvelos y de continuos disgustos y desde entonces principió a medir la magnitud de sus faltas y a pensar en sus continuas incorrecciones.
Cierta mañana a la vera del camino, encontró a Felipa, la requirió de amores, pudo prendarse de ella ciegamente y poco tiempo después se desposaba en la capilla del lugar.
Desde el día de sus desposorios se dio a variar de vida, contrayéndose al trabajo y a sus deberes conyugales; recordó su pasado tormentoso y sintió profundo remordimiento, por que a causa de sus muchos extravíos había rodado a la fosa agobiados por el sufrimiento los autores de sus días, fruto de su amor, un tierno niño, vino al mundo y murió a poco nacer y el montañés que ya sentía las tiernas delectaciones íntimas de padre contempló abierto en el hogar un sombrío paréntesis de dolor.

Felipa, no era feliz con su marido. Desde su adolescencia, Alberto Lárez, guapo señoriíto, cuyos padres acaudalados lo tenían en la hacienda, retirado de la ciudad por sus constantes calaveradas, cortejaba a la bella muchacha y ésta le amaba aún, no obstante el sagrado vínculo que la unía al hombre de su casta. Al principio sus amores fueron todo un cielo de felicidad, cartas entregadas furtivamente, días de agradable preocupación; coloquios tras la empalizada de la huerta, rodeados de misterio y de silencio, a la luz de las estrellas, en los cuales él mas de una vez, tuvo entre sus manos trémulas y febricitantes la cabeza de Felipa en éxtasis divino y sus labios absorbieron todo el fuego de la boca de aquella nueva Diana, boca sonrosada y fresca, insinuante y provocativa, hecha para los ritos de Cupido o las liturgias de Afrodita.

Muy pronto los padres de Alberto, se enteraron de aquellos amoríos y como no convenía al preclaro linaje, al recalcitrante orgullo de la familia la realización de aquel enlace, resolvieron separar a Alberto de tan peligrosa red y lo llamaron de nuevo a la ciudad.
Ella, al principio desesperó, le remitía largas y dolorosas cartas llenas de fuego y angustia y él contestaba, alimentando su amor con ilusiones y esperanzas.

Pero el tiempo transcurría y Felipa cansada de espera el retorno de su amado, consumida por el tedio, la duda, la soledad, creyéndose víctima del engaño de un hombre, herida en su orgullo, aceptó el amor de Julián, como una suprema determinación de despecho.
Un día que Julián andaba en sus continuos quehaceres, a cierta distancia del conuco, presentose Alberto inesperadamente a la casa. Ambos quedaron como electrizados.
Ella pálida y temblorosa, él profundamente sombrío. Después de un momento de vacilación, él rompió el silencio con acento de reconvención.
¡Te casaste¡
Sí, perdóname
¿No sabes que todavía te amo?
Por Dios Alberto, Vete.
Vengo para que te vayas conmigo a la ciudad.
Imposible... ¿Y él? Compadécete Alberto
¿Ya no me quieres?
Dios mío, esto es horrible...

Alberto se había acercado a Felipa y asiéndola por el brazo, la atrajo suavemente hasta estrecharla contra su pecho. Ambos temblaban de emoción. Ella recordó de pronto todas las horas intensamente vividas bajo la dominadora mirada de aquel hombre; reconstruyó en su imaginación los dulces coloquios tras la empalizada de la huerta, rodeados del misterio y del silencio, a la luz de las estrellas, en los cuales sus bocas se juntaron mas de una vez bajo las ráfagas de éxtasis; precisó en sus frases llenas de fuego; en el cielo de su amor, abierto de felicidad y dominada de nuevo por el fluido hipnotizador de aquellos ojos, se dejó caer en los brazos de Alberto, exclamando:
Sí, te quiero aun.
¿Has pensado mucho en mi?
Mucho, mucho.
¿Y por que te casaste?
Creí que me habías olvidado...tenía celos...perdóname
Yo...

La voz de Julián, se dejó oír muy cercana. Felipa quedó aterrada, muda, Alberto no acertaba a comprender el motivo de tal perplejidad y cuando la interrogaba con los ojos, en los que cabrillaza la lumbre del deseo, ella con una sonrisa casi de idiotismo, le dijo, señalándole la puerta.
Allí está él...
Julián apareció en el umbral de la puerta. Miró la súbita palidez de los culpables y en un momento comprendió todo. Como el jaguar que siente de pronto un latigazo, se irguió amenazador. Sus músculos temblaban de ira, sus pupilas entre las órbitas parecían oscuras y sus manos se crisparon como las de un epiléptico. Los cabellos se agitaron por un soplo de tragedia. Los aceros y las miradas despidieron relámpagos. Alberto con la serenidad de su orgullo estaba en guardia y cuando en el impulso de la acometividad, aquellos dos hombres ebrios de odio y de venganza, cual dos contrarios torrentes chocaron uno contra el otro, Felipa, con la cabellera en desorden y la mitad del busto asomado en la puerta, a grandes voces exclamaba:
Socorro...Socorro...


Eliseo López. Caracas, 1915.

Poemas de Eliseo López

NOCTURNO

Platea el plenilunio la enramada
Noche azul, muelle brisa, claro cielo
El pinar dominando la hondonada
Y cerca del pinar el arroyuelo...

Se pierden los rumores en la nada...
Silencio y soledad, penumbra y duelo,
Tan sólo cruza la extensión callada
Mi pensamiento en sigiloso duelo.

Mi desencanto a la quietud se aúna,
El dolor en mi espíritu se anida
Mientras levanta en el confín la luna
Y en la sombra gemela de mi suerte,
Siento como el camello de mi vida
Quiere hallar el oasis de la muerte.

Eliseo López. 15-12-1912



SALOME

En lúdico danzar su pié de rosa
Sobre el piso de pórfido resbala
En tanto por los frisos de la sala
Vibra el son de la orquesta bulliciosa

Gira como la errante mariposa
que los los follajes del jardín escala
cual si tuviese en cada flor un ala
y en el alma una cítara armoniosa
Cimbra franta al Tetrarca la cintura
Su torso arquea y en candente vista
Con recónditos deseos fulgura...
Mientras sobre bandeja de alabastro
Irradia la cabeza del bautista
Con el sereno resplandor de un astro...

Eliseo López. 15-12-1912

BELKIS

Belkis la voluptuosa, enamorada
De la gloria del Rey, sabio y poeta,
En la ansiedad de su pasión secreta,
Huye bajo la luz de la alborada.

No la detiene en su trayecto nada,
Ni el consejo tenaz del viejo asceta
Sophesamin y con el alma inquieta,
Se aleja mas de su gentil morada.

Llevan para el amor, sus elefantes
Perlas de Ormuz y púrpuras de Tiro,
Oros de Ofir y Límpidos diamantes
Y cuando el sabio rey sus brazos tiende
Suena un beso febril tras un suspiro
Y Venus su fanal divino enciende...

Eliseo López. 15-11-1912.

SAFO

La de lesbos, esclava de cupido
A solas con su erótico tormento,
Suspira por Faón y lanza al viento
Todo el dolor de su ideal perdido.

Bajo la ruda estepa del olvido,
Vibra desde el balcón su amargo acento,
Y al concebir un negro pensamiento,
La voz de su laúd brota un gemido...

Lencade como un cíclope vigila
Con torvo ceño y devorante boca
Safo clava en la peña su pupila
Y al lanzarse con ímpetu de loca;
Queda su cuerpo en actitud tranquila
Cual una flor de púrpura en la roca.

Eliseo López. 15-11-1912

LA CARAVANA

Sin mirar hacia atrás el poeta
Sigue su ruta.

Haraneurt.

Bajo la luz metálica del sol que reverbera
Rendida de fatigas, de ilusiones cargada
Cruza por la llanura candente y desolada
Con rumbo al encantado país de la quimera

Lujuria los semblantes la densa tolvanera
Lentos van los camellos por la abrupta jornada
Hoscos ladran los perros... celajes de alboradas
Vislumbran las pupilas donde la gloria espera

Una herida en el alma lleva cada romero
Y el dolor a la lumbre del triste plenilunio
Mitigan con el crisma del canto placentero
Son los nobles Quijotes, en pos de la armonía
Que llevan sobre el hombro la cruz del infortunio
En el reinado augusto de la melancolía...

Eliseo López. Caracas, 15-10-1912.

HERÁLDICA

Circundando de laureles
Con siete astros por diadema
Y tus áureas curnocopias
Prodigando su esplendor
Te presentas ante el mundo
Como el héroe del poema
Que escribió Simón Bolívar
Con su acero redentor

Con tus armas y espigas
Con tus ropas y tu lema
Te destacas inviolado
Bajo el nimbo del honor
Y en ti miran las naciones oprimidas
El emblema
De cien pueblos que rompieron
La conjura del dolor...

En el ímpetu indomable
De tu potro que relincha
Vibra el nervio de una raza
Que el Ávila al Pichincha
Desplegó a los cuatro vientos
Su pendón de libertad

Salve al lustre de tus armas
Que esgrimieron mis mayores
Al conjunto de tus astros
De inmortales resplandores
Al prestigio de tus lauros
Y a tu excelsa majestad

Eliseo López. Caracas, 10-07-1912

EN EL PARQUE

Recuerdas? Fue una tarde como esta
Bajo el glauco desel de frescos ramos
En la pompa triunfal de la floresta
Con tierno arrobamiento nos miramos
Por primera vez. Tal como ahora
Entre chales de grana el sol caía...
El viento cual cítara sonora
Sobre el ramaje del jardín y habla
En tu faz cierta gracia seductora
Y en el aire una gran melancolía

Era un bucle de oro cada espiga
Desgranaba el uvero sus racimos
Cerca de ti ¿recuerdas dulce amiga?
No sabes cuanto evoco y reverencio
Aquel momento en que nos comprendimos
No obstante tu silencio y mi silencio

Toda una maravilla de sonrojos
En tu frente brilló. La primavera
Ponía su esplendor a nuestros ojos
Cual un hada benigna y hechicera
Cruzaban como eróticas visiones
En tropel, las inquietas mariposas
Yo me acerqué a tu lado y ¡cuantas cosas!
Se revelaron nuestros corazones
Después, en la quietud de aquel paraje
Con la embriaguez de espíritu beleño
Hacia el país brumoso del ensueño
Emprendimos el viaje...
Han transcurrido, amada algunos años
Por la margen de un piélago de angustias
Va nuestra nave con sus desengaños
Plena de cardos y de rosas mustias
Pero el plácido amor aún vive en calma
Ninguna suerte su caudal obstruye
Si entraras en el huerto de mi alma
Y vieras como fluye!

Ya débilmente el sol vacila y arde
Sobre un cromo de vividos colores
Cual la encendida lámpara de un rito
Y despliega la rosa de la tarde

Su corola de múltiples fulgores
En el jardín azul de lo infinito
Vamonos que anochece. Ya se esconde
Toda la luz y el ámbito se viste
De un manto funeral, pero responde:
¿en que meditas? ¿por qué estas tan triste?

Eliseo López. Caracas, 06-1912

jueves, 11 de diciembre de 2008

PUGNA HERÓICA

Al vértice de un bloque de granito
Que en medio del silencio de la tierra
Levanta su picacho al infinito
Tal como una protesta de la tierra
El águila caudal, llegó cansada
De combatir contra el cóndor errante
Desde un peñón que el vendaval azota
Y al concluir su trágica jornada
Trémula y vacilante
Plegando el ala ensombrecida y rota
Bajo la débil claridad del día
Clavó como u puñal relampagueante
Su vista en la difusa lejanía

Allí detuvo el gigantesco vuelo
Buscando a su dolor seguro abrigo
Escudriñó la inmensidad del cielo
Y en la cumbre triunfal, sin mas testigos
Que el sol en su perfil horizonte
Sobre las crestas del vecino monte
Vio de nuevo venir a su enemigo

De cara al resplandor del occidente
Cual una mancha gris en lontananza,
El Cóndor se acercaba lentamente
Para saciar la sed de su venganza
Su aspecto era feroz. De su plumaje
Caían gotas purpurinas. Torvo
Mostraba el ojo en su fulgor salvaje
En el agreste pico, fiero y corvo
Se exhibían las lívidas señales
De la lucha anterior. Hubo un momento
En que al poder siniestro de la insidia
Se vieron frente a frente los rivales
Se alzó la guerra y se trabó la lidia
En la explosión del ímpetu violento
Y con un rumor de insólita pavura
Pasó rápidamente por la altura
El soplo de un mortal presentimiento

En actitud hostil, a un tiempo mismo
Saltaban describiendo raudos trazos
Escuchándose al margen del abismo
El ruido de los broncos aletazos
No tuvo entonces el águila reposo
Queriendo al contendor dejar inerte
Y en aquel sitio en agresión de muerte
Fue la lid del Titán contra el coloso
La epopeya del fuerte contra el fuerte

Cual púgil que a al faz del adversario
Bajo el golpe mortal nunca se abate
Y lucha con impulso temerario
Mientras la sangre entre sus venas late
Que al combatiente debilita y doma
En la pujanza del combate raudo
Hasta ver que a sus plantas se desploma
Sobre el metal del abollado escudo
Así el Cóndor, sobre la mole erguido
Donde oscilaba la postrera lumbre
A el águila vencida
Clavándole la garra en las entrañas
Desplomó de la cumbre
Para estrellarla al pie de las montañas

Temblaron los gigantes peñascales
Y el vencedor bajo el nocturno velo
A la luz de los cirios celestiales
Abrió las alas remontando el vuelo...

Gladiador incansable de la idea
Que sin tregua laboras con aliento
Por conquistar la heráldica presea
De frente al porvenir vibra tu acento
Hembraza tu broquel, tu espada blande
Y al lanzarte al fulgor de la pelea
Con la noble altivez del pensamiento
Lucha como los cóndores del Ande.

Eliseo López

Caracas, 05-1912

LEYENDAS BÍBLICAS

LA SAMARITANA

Fue en Samaria. La mies en primavera
Se maduraba el sol. Jesús venia
Solo con su ideal melancolía
Por el camino en flor de una pradera

Por sus hombros la rubia cabellera
Blandamente la ráfaga esparcía
Y en los ojos del justo parecía
Que el cielo azul guardaba su quimera

Y miró a su mujer y dulcemente
Bajo el tibio fulgor de la mañana
Pidió de beber, cabe la fuente

Y en la faz de Jesús, lánguida y mustia
Vió inflexible la cruel Samaritana
Dibujado el espectro de la angustia


MAGDALENA

El maestro bajó por la colina de Nazareth
Con su pincel de lumbre
El sol doraba la serena cumbre
Prestigiando la pompa vespertina

Bajo la capa de opulenta encina
Sentóse a descansar. La muchedumbre
Ansiosa, lo siguió, cual de costumbre
Para oír la parabólica divina

Hacia el acercose Magdalena
Lentamente y postrándose de hinojos
Mostró en el rostro su profunda pena

Y Jesús con el ánimo turbado
Miró que en el cristal de aquellos ojos
Se esfumaban las sombras del pecado...


EL MILAGRO

Sobre el dorso del mar de Tiberiades
Bogaban los apóstoles. El viento
Dilataba en el hosco firmamento
El rumor de recias tempestades

El que impuso su nombre a las edades
Con la cruz inmortal de su tormento
Los veía partir. Con rudo acento
Lanzaba el mar sus fatuas claridades

Con su apacible voz consoladora
Ya les había dicho el Nazareno,
“Yo seré con vosotros a la aurora”

y cuando el alba disipó la bruma
vieron a Cristo, de fulgores lleno
deslizando sus pies bajo la espuma

Eliseo López

Caracas, 04-1912


NOTA estos tres poemas fueron escritos en honor a Santa Ana, dejándose llevar
De su profunda religiosidad

VOCES

La floresta en penumbras...
Pasa el viento
Rozando el varillaje de la fronda
Con la grave armonía de un lamento
Sobre una pena insuperable y honda
Y cuando pasa y sobre el parque gira
Hay un olor de rosas entreabiertas
El árbol todo trémulo suspira
Y en las sombras inciertas
Danza como a los ecos de una lira
Un tropel de hojas muertas...

Se escuchan del follaje en lo profundo
Donde exhalan su espíritu las rosas
Rumor de alas, voces misteriosas
Que no parecen voces de este mundo
Y alumbrando el misterio de la noche
Por entre tupida enredadera
Cual fulgor de oror en la pradera
Abre el cocuyo su esplendente broche

En la paz melancólica, parece
Que la fronda serena
Cual una tierna virgen se adormece
Ya por sobre el boscaje el viento suena
Como un alegro dulce y apagado
“Ella” sol de mi ser, sueña a mi lado
contemplando el azul y el oriente
con su lumbre de amor siempre oportuna
entre chales de nubes, lentamente
va saliendo la luna...
Grata y dulce quietud en que me embriago
De ensueños, de perfumes y armonía
En tanto pasa por mi mente un vago
Recuerdo triste de implacables días...
Grata y dulce quietud que me cautiva
El alma entre el paisaje y la maleza
Mientras “Ella” a mi lado pensativa
Enlaza su tristeza en mi tristeza

Sueño y en tanto las pupilas cierro
El grillo entona su canción tediosa
Y en la calle desierta y silenciosa
Rompe a ladrar un perro...
Percíbese un gemir largo y sonoro
Y un ave nocturnal, pasa y se aleja
Bajo el azul cielo que semeja
Un vergel de campanillas de oro.

¿En que piensas? Me dice la natura
en estas horas de infinita calma
cuando solloza el viento en la espesura
como el alma de un ser que ya no existe
de profunda aflicción me llena el alma
y sin saber por que, me siento triste...
siento ansias de llorar y muchas veces
al brillar de la noche el lampadario
sólo pienso en un reino de cipreses
en un paisaje mustio y solitario
donde sólo tendré por compañeros
este mismo fulgor desvanecido
el soplo de los vientos plañideros
y la noche perpetua del olvido.

Su mano tiembla entre la mía. Siento
Como el cortante filo de una espada
El dolor de un oscuro pensamiento.

La lumbre su ha dormido en su mirada
Como en el fondo del zafir distante
Y luna y cielo y fronda y brisa errante
Todo, todo nos habla de la nada.

Refugiaste en mi amor ¡le digo! Piensa
Que esa idea fatal que me consume
Mustia la flor de mi pasión intensa
¡Que le importa a la rosa en la pradera
si al brotar su recondido perfume
la tronche la borrasca en su carrera!
Canta el ave al llegar la primavera
Que brille el astro y la corriente fluya
Entone el mundo su preludio eterno
No importa que después el rudo invierno
Todo el concierto universal destruya

Abre tu corazón y en mi ternura
Como en un mar, sumérgete, de modo
Que al abrirse el edén de la ventura
Puedas sentirlo y saborearlo todo
Gustemos el deleite del paisaje
Quiero sentir en mi pasión ¡Como arde!
Tu boca de mis ósculos cautiva
Hasta que brille el matinal celaje...
Ella me mira, murmurando ¡es tarde!
Y queda pensativa...

Como un presentimiento de infortunio
En las sobras inciertas
Ladra el perro a la luz del plenilunio
Y danzan en tropel las hojas muertas...

Eliseo López. Caracas, 01-1912

DELECTACIÓN

Tiembla el oro del sol en la sabana
Extiéndase a lo lejos el plantío
Y bajo el dombo azul de la mañana
El ciprés se columpia sobre el río

Va declinando en la extensión lejana
La luna llena. Bajo el viento frío
Mi ensueño es la doliente caravana
Que ronda por los limbos del vacío

Benigna soledad, unción de rosas
Lumbre del cielo y placidez de canto
Sobre el dolor de las humanas cosas

Porque tiene la vida en su aspereza
Un rayo de ilusión detrás del llanto
Y un paisaje ante el mal de la tristeza

LA OFRENDA DE LOS POETAS

Ya catorce rosales ha injertado
Tu jardín ideal. La primavera
Ondula cual policroma bandera
Sobre la dulce orquestación del prado

Triunfa el amor con su carcaj dorado
Y la embriaguez de la ilusión primera
Y el pájaro triunfal de la quimera
Vibra en tu honor su canto enamorado

Son catorce ilusiones que han nacido
Ebrias de tus pupilas victoriosas
Al golpe de la flecha de cupido

Y en tu jardín sonoro y floreciente
Ciñe el poeta, el oblación de rosas
La bizantina comba de tu frente.

Eliseo López. Caracas, 04-1913.

jueves, 4 de diciembre de 2008

CANTO AL AVILA

Salve rey de la América Latina
Gloria al viejo señor cuya corona
Ampara el cielo azul de nuestra zona
Y el sol con sus destellos ilumina

Alzas tu altiva frente
Ante el paso de las generaciones
Guardián del porvenir de un continente
El soplo de los recios aquilones
Pasa por la epidermis de tu espalda
Cual una tracina impresión
La aurora pone brillos de nácar a tu falda
Y el sereno crepúsculo te dora

Con tu hueste de vivida esmeralda
Tu penacho de nubes
Cual flotantes plumones de querubes
Y tu manto inconsútil de neblinas
Muestras tu impavidez de centinela
Que en medio del verdor de tus colinas
Eternamente por la patria vela

El trino de los pájaros errantes
La selvática flor que abre y perfuma
La orquesta de las auras sollozantes
El raudal que tus linfas despereza
Entonando sus églogas de espuma
Rinden pleno homenaje a tu grandeza
¡Oh, gran señor del vértigo y la bruma!

Bajo el dosel de la radiosa espera
De aljófares brillantes salpicada
Te besa eternamente enamorada
En idilio triunfal la primavera
Y al aire desplegada
Bella y gentil en su elocuencia muda
Cual fragmento del iris, mi bandera
Con sus ondeantes franjas te saluda

En tus melancolías
Cuando la nube sus raudales vierte
Sufres quizás nostalgia por los días
En que una raza exuberante y fuerte
Rompía cetros cosechando lauros
En que tus flancos, en ardor convulso
Se ensanchaban bajos hálitos de muerte
Al sentir el tropel de los centauros
En el delirio del ardiente impulso

Días en que temblaron tus cimientos
Cual encinas al ímpetu del austro
Y en triunfales portentos
Paseó la libertad sobre su plaustro
Y su figura enhiesta
Del espacio y el mar dominadora
A los estruendos de la magna gesta
Se iluminó con la más santa aurora

Bullen sustancias inflamables entre
Tu pétreo corazón de fuego lleno
En momentos de cólera, tu vientre
Como la tempestad, desata el trueno
Semejante al león brota el rugido
Un calor de heroísmo en ti perdura
Tienes en cada vértebra un latido
Y en tu candente circulo procura
Abrir su cráter el volcán dormido

¡Oh coloso! Cual horrido vestiglo
sobre tu frente heroica
pasaran las borrascas de los siglos
sin conmover tu gravedad estoica
y en tiempo no lejano
cuando la patria, al beso de la gloria
abriendo el surco del progreso humano
brinde la trabajo tus fecundas vetas
con himnos de victorias
cantarán tu silencio los poetas

Eliseo López. Caracas, 11-1912.

DONDE

Ilusión vuelve a mí como en los días
En que vi. aparecer la primavera
Poblando con su corte de alegrías
La oculta soledad de mis praderas

Te busco en vano por distintas vías
Y siempre el alma con afán te espera
Ven de nueva a cantar como solías
Sobre mi corazón ¡Hada Hechicera!

Porque tú como un pájaro divino
Sobre la débil rama alzaste el vuelo
Dejando el árbol huérfano de trino

Desde entonces te llamo y no respondes
Y no puedo saber bajo que cielo
Ni en que paraje a mi dolor te escondes

Eliseo López. Caracas, junio 1913

IN MEMORIAN

Miraba aquellos ojos como la Sirena canta Pierre Louys
Aquellos ojos tristes donde yo me veía
Como en quietas cisternas de dorso transparente
Tenían un lenguaje tan dulce y elocuente
Que todo lo expresaban con gran sabiduría

Eran dos mariposas de luz entre la umbría
Selva de sus pestañas, posadas dulcemente...
¡ cuan profundos sus goces bajo mi beso ardiente!
Y cuanto bien me hicieron y cuanto los quería

En ellos asomaba su espíritu
Y en ellos fulgían las ternuras
Hablaban los amores...
Un día se apagaron sus mágicos destellos
Desde entonces mi Musa
La evoca y no la nombra
Y marcha con la carga
De todos sus dolores
En pos de aquellos ojos...
Hundiéndome en la sombra.

Eliseo López. Caracas, 15-10-1912

Dios

Piedad inconmensurable sobre todo lo creado
Amor que no se extingue sobre la humanidad
Aliento que perfuma las rosas en el prado
Y soplo de bonanza, tras la tempestad

Arrullo entre las frondas bajo el cielo estrellado
Manojo de esperanzas en la fatalidad
Auxilio en el naufragio para el desesperado
Y mano que se extiende para la caridad.

Domina con su influencia las aguas y los vientos
Proyecta las tinieblas de los remordimientos
Y traza el buen camino para la humana grey.

Y de su excelso numen de resplandores lleno
Surgieron a la sorda repercusión del trueno
Ante el profeta absorto, las tablas de la ley

Eliseo López. Caracas, 1915.

martes, 25 de noviembre de 2008

Las lluvias están haciendo de lo suyo!!

Así como en Venezuela que cada vez que llueve los cerros y sus habitantes ruedan por las calles de Caracas y otras ciudades, aquí en la Provincia de Chiriquí (frontera con Costa Rica) los ríos Caldera y Chiriquí Viejo se llevaron carreteras, puentes, casas, hoteles y cultivos dejando hasta el momento 4 muertes, 3951 afectados y pérdidas económicas millonarias. En otra Povincia la de Bocas del Toro tambien se han presentado desbordamiento de ríos y aquí cerca en la Provincia de Colón se prohibió el uso de las playas y la salida de embarcaciones pequeñas debido al mal tiempo y fuertes oleajes presentes en la zona.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Democracia real??

Los venezolanos estamos viviendo hoy una satisfacción política al conocer los resultados de las elecciones, resultados que sin ánimos de quitarle importancia son pequeños triunfos necesarios pero no suficientes para poder lograr en nuestro pais un "cambio real" como se necesita. No creo todavía como dice el máximo Líder Rojo que estemos en presencia de una "democracia absoluta", esto sería así si las cargas realmente fueran balanceadas (como por ej. en la Asamblea...) en ese momento si pudíeramos hablar de igualdad política...
Dios ilumine a los Líderes opositores que ganaron esta batalla para que con la mejor de las actitudes den los resultados que esperamos todos....
Para cerrar FELICITO A TODA MI FAMILIA Y MIS COMPATRIOTAS QUE SALIERON A VOTAR AYER Y DIERON UNA VEZ MAS LA DEMOSTRACIÓN DE CIVISMO QUE YA CARACTERIZA AL PUEBLO VENEZOLANO!!!

sábado, 22 de noviembre de 2008

Poemas de Eliseo López

Eliseo López, uno de mis bisabuelos, fué un apasionado poeta zuliano y luchador político de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, perteneció a grupos literarios de la epoca como el grupo Ariel y el Proshelio, asesinado en la Rotunda un 5 de julio.
Su obra aunque poco conocida tiene un valor incalculable para el patrimonio cultural venezolano, sus poemas tienen un toque "especial" con una gran carga de sentimientos y energía emprendedora y soñadora, característica de muchos hombres de esa epoca, quienes ayudaron a escribir nuestra historia, algunos con su vida como Eliseo, lo cual no les permitió ver los grandes cambios de los cuales ellos fueron protagonistas y de los que hoy disfrutamos todos...
En próximas entregas estaré publicando parte de su obra, la cual conservo con mucho orgullo y a la memoria de mi abuelo, su hijo Manuel López, un gran hombre y luchador, mi figura paterna y el mayor ejemplo de humildad y honradez que tengo, espero que la disfruten...