Al vértice de un bloque de granito
Que en medio del silencio de la tierra
Levanta su picacho al infinito
Tal como una protesta de la tierra
El águila caudal, llegó cansada
De combatir contra el cóndor errante
Desde un peñón que el vendaval azota
Y al concluir su trágica jornada
Trémula y vacilante
Plegando el ala ensombrecida y rota
Bajo la débil claridad del día
Clavó como u puñal relampagueante
Su vista en la difusa lejanía
Allí detuvo el gigantesco vuelo
Buscando a su dolor seguro abrigo
Escudriñó la inmensidad del cielo
Y en la cumbre triunfal, sin mas testigos
Que el sol en su perfil horizonte
Sobre las crestas del vecino monte
Vio de nuevo venir a su enemigo
De cara al resplandor del occidente
Cual una mancha gris en lontananza,
El Cóndor se acercaba lentamente
Para saciar la sed de su venganza
Su aspecto era feroz. De su plumaje
Caían gotas purpurinas. Torvo
Mostraba el ojo en su fulgor salvaje
En el agreste pico, fiero y corvo
Se exhibían las lívidas señales
De la lucha anterior. Hubo un momento
En que al poder siniestro de la insidia
Se vieron frente a frente los rivales
Se alzó la guerra y se trabó la lidia
En la explosión del ímpetu violento
Y con un rumor de insólita pavura
Pasó rápidamente por la altura
El soplo de un mortal presentimiento
En actitud hostil, a un tiempo mismo
Saltaban describiendo raudos trazos
Escuchándose al margen del abismo
El ruido de los broncos aletazos
No tuvo entonces el águila reposo
Queriendo al contendor dejar inerte
Y en aquel sitio en agresión de muerte
Fue la lid del Titán contra el coloso
La epopeya del fuerte contra el fuerte
Cual púgil que a al faz del adversario
Bajo el golpe mortal nunca se abate
Y lucha con impulso temerario
Mientras la sangre entre sus venas late
Que al combatiente debilita y doma
En la pujanza del combate raudo
Hasta ver que a sus plantas se desploma
Sobre el metal del abollado escudo
Así el Cóndor, sobre la mole erguido
Donde oscilaba la postrera lumbre
A el águila vencida
Clavándole la garra en las entrañas
Desplomó de la cumbre
Para estrellarla al pie de las montañas
Temblaron los gigantes peñascales
Y el vencedor bajo el nocturno velo
A la luz de los cirios celestiales
Abrió las alas remontando el vuelo...
Gladiador incansable de la idea
Que sin tregua laboras con aliento
Por conquistar la heráldica presea
De frente al porvenir vibra tu acento
Hembraza tu broquel, tu espada blande
Y al lanzarte al fulgor de la pelea
Con la noble altivez del pensamiento
Lucha como los cóndores del Ande.
Eliseo López
Caracas, 05-1912
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