La floresta en penumbras...
Pasa el viento
Rozando el varillaje de la fronda
Con la grave armonía de un lamento
Sobre una pena insuperable y honda
Y cuando pasa y sobre el parque gira
Hay un olor de rosas entreabiertas
El árbol todo trémulo suspira
Y en las sombras inciertas
Danza como a los ecos de una lira
Un tropel de hojas muertas...
Se escuchan del follaje en lo profundo
Donde exhalan su espíritu las rosas
Rumor de alas, voces misteriosas
Que no parecen voces de este mundo
Y alumbrando el misterio de la noche
Por entre tupida enredadera
Cual fulgor de oror en la pradera
Abre el cocuyo su esplendente broche
En la paz melancólica, parece
Que la fronda serena
Cual una tierna virgen se adormece
Ya por sobre el boscaje el viento suena
Como un alegro dulce y apagado
“Ella” sol de mi ser, sueña a mi lado
contemplando el azul y el oriente
con su lumbre de amor siempre oportuna
entre chales de nubes, lentamente
va saliendo la luna...
Grata y dulce quietud en que me embriago
De ensueños, de perfumes y armonía
En tanto pasa por mi mente un vago
Recuerdo triste de implacables días...
Grata y dulce quietud que me cautiva
El alma entre el paisaje y la maleza
Mientras “Ella” a mi lado pensativa
Enlaza su tristeza en mi tristeza
Sueño y en tanto las pupilas cierro
El grillo entona su canción tediosa
Y en la calle desierta y silenciosa
Rompe a ladrar un perro...
Percíbese un gemir largo y sonoro
Y un ave nocturnal, pasa y se aleja
Bajo el azul cielo que semeja
Un vergel de campanillas de oro.
¿En que piensas? Me dice la natura
en estas horas de infinita calma
cuando solloza el viento en la espesura
como el alma de un ser que ya no existe
de profunda aflicción me llena el alma
y sin saber por que, me siento triste...
siento ansias de llorar y muchas veces
al brillar de la noche el lampadario
sólo pienso en un reino de cipreses
en un paisaje mustio y solitario
donde sólo tendré por compañeros
este mismo fulgor desvanecido
el soplo de los vientos plañideros
y la noche perpetua del olvido.
Su mano tiembla entre la mía. Siento
Como el cortante filo de una espada
El dolor de un oscuro pensamiento.
La lumbre su ha dormido en su mirada
Como en el fondo del zafir distante
Y luna y cielo y fronda y brisa errante
Todo, todo nos habla de la nada.
Refugiaste en mi amor ¡le digo! Piensa
Que esa idea fatal que me consume
Mustia la flor de mi pasión intensa
¡Que le importa a la rosa en la pradera
si al brotar su recondido perfume
la tronche la borrasca en su carrera!
Canta el ave al llegar la primavera
Que brille el astro y la corriente fluya
Entone el mundo su preludio eterno
No importa que después el rudo invierno
Todo el concierto universal destruya
Abre tu corazón y en mi ternura
Como en un mar, sumérgete, de modo
Que al abrirse el edén de la ventura
Puedas sentirlo y saborearlo todo
Gustemos el deleite del paisaje
Quiero sentir en mi pasión ¡Como arde!
Tu boca de mis ósculos cautiva
Hasta que brille el matinal celaje...
Ella me mira, murmurando ¡es tarde!
Y queda pensativa...
Como un presentimiento de infortunio
En las sobras inciertas
Ladra el perro a la luz del plenilunio
Y danzan en tropel las hojas muertas...
Eliseo López. Caracas, 01-1912
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