LA SAMARITANA
Fue en Samaria. La mies en primavera
Se maduraba el sol. Jesús venia
Solo con su ideal melancolía
Por el camino en flor de una pradera
Por sus hombros la rubia cabellera
Blandamente la ráfaga esparcía
Y en los ojos del justo parecía
Que el cielo azul guardaba su quimera
Y miró a su mujer y dulcemente
Bajo el tibio fulgor de la mañana
Pidió de beber, cabe la fuente
Y en la faz de Jesús, lánguida y mustia
Vió inflexible la cruel Samaritana
Dibujado el espectro de la angustia
MAGDALENA
El maestro bajó por la colina de Nazareth
Con su pincel de lumbre
El sol doraba la serena cumbre
Prestigiando la pompa vespertina
Bajo la capa de opulenta encina
Sentóse a descansar. La muchedumbre
Ansiosa, lo siguió, cual de costumbre
Para oír la parabólica divina
Hacia el acercose Magdalena
Lentamente y postrándose de hinojos
Mostró en el rostro su profunda pena
Y Jesús con el ánimo turbado
Miró que en el cristal de aquellos ojos
Se esfumaban las sombras del pecado...
EL MILAGRO
Sobre el dorso del mar de Tiberiades
Bogaban los apóstoles. El viento
Dilataba en el hosco firmamento
El rumor de recias tempestades
El que impuso su nombre a las edades
Con la cruz inmortal de su tormento
Los veía partir. Con rudo acento
Lanzaba el mar sus fatuas claridades
Con su apacible voz consoladora
Ya les había dicho el Nazareno,
“Yo seré con vosotros a la aurora”
y cuando el alba disipó la bruma
vieron a Cristo, de fulgores lleno
deslizando sus pies bajo la espuma
Eliseo López
Caracas, 04-1912
NOTA estos tres poemas fueron escritos en honor a Santa Ana, dejándose llevar
De su profunda religiosidad
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